Los nombres de nuestras naciones (2)

El 13 de enero empecé un repaso general, en riguroso orden alfabético, del origen de los nombres de las naciones sudamericanas. Ya hablamos de Argentina, Bolivia y Brasil, de manera que hoy proseguiremos con nuestras vecinas Chile, Colombia y Ecuador.

Chile: Existen diversas hipótesis sobre la procedencia de este nombre. Una, supone que antes de la conquista, los indígenas peruanos ya llamaban “Chili” a las tierras situadas al sur del desierto de Atacama. La segunda, hace referencia a que podría provenir de la voz aimara “chilli”, “donde se acaba la tierra”. Una tercera dice que provendría del quechua “chire”, que significa “frío”. Una cuarta hipótesis alude al nombre antiguo de un río ubicado en el valle del Aconcagua. La quinta, que podría derivar del nombre del río “Quica” o “Chili”, que es vocablo mitimae. Una sexta manifiesta que provendría del nombre de “Tili”, un cacique del pueblo Picunche, de la actual zona central chilena, que gobernaba ese mismo valle cuando llegaron los Incas. Y, por último, Chile podría ser una onomatopeya del canto del trile (agelasticus thilius), pequeña ave sudamericana de plumaje oscuro con una mancha amarilla en cada ala.

Colombia: Este nombre fue dado por Simón Bolívar al declarar la independencia de ese país, en homenaje al descubridor de América, Cristóbal Colón, cuyo apellido sería una castellanización del italiano “Colombo”. El antiguo virreinato de “Nueva Granada”, que comprendía las actuales Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá, fue bautizado “Gran Colombia” por el Libertador. Este se inspiró en “El Colombiano”, periódico de Francisco de Miranda, el cual recogía la idea del padre Las Casas de que el continente debería llamarse “Colombo”, en homenaje al descubridor, en vez de conmemorar el nombre de Américo Vespucio. Al final, el nombre permaneció tan solo para nuestro vecino más septentrional.

Ecuador: Evidentemente este nombre alude a la línea ecuatorial que pasa muy cerca a la ciudad de Quito y que cruza el país de este a oeste; la palabra proviene del latín “aequatoris”, “igualador”. El nombre fue elegido, mediante debate nacional, por la primera Asamblea Constituyente luego de la separación de la Gran Colombia en 1830. Anteriormente, el territorio se llamaba Real Audiencia de Quito, o simplemente “Quito”, pero los representantes de Guayaquil y Cuenca lo rechazaron como nombre regionalista y de reminiscencias coloniales.

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